domingo, 6 de septiembre de 2015

500 days of summer

“NOTA DEL AUTOR: La siguiente es una obra de ficción, cualquier parecido con algún personaje vivo o muerto es mera coincidencia. Especialmente tu Jenny Beckman. Perra”.


Hoy os voy a hablar de otra de mis películas favoritas, de esas que no me canso nunca de ver y que empieza con esta nota del autor, con la que no sabes si reír o llorar, pues exactamente igual pasa con el resto de la historia.

“ Esta es una historia de chico conoce a chica, pero usted debe saber desde el principio que esta no es una historia de amor”.



Así comienza 500 days of Summer. Pelos de punta, ganas de verla, y de llorar, no lo sé, ganas de algo en la boca del estómago, eso es lo que me produce, ganas.
Hay películas enrevesadas, complejas, con un montón de interpretaciones, con matices ocultos que sigues descubriendo tras varios visionados, y después hay otras sencillas, en apariencia simples, que cuentan cosas reales, del día a día, con protagonistas fácilmente identificables con amigos, conocidos o con los que te podrías cruzar en la calle. Que te recuerda tanto a aquella pareja que tuviste hace años que te dan ganas de romper el dvd contra la pared. Esta es una de esas películas. 


Vi el tráiler y me enamoré. Supe que me iba a gustar, que era de esas películas sin grandes presupuestos ni campaña de marketing, pero que no los necesitan, porque ya guardan en sí mismas algo especial. Es mucho más que eso y es que consigue que pases por todas las emociones posibles y pocas obras consiguen eso. Es divertida, algunos la encuadran como comedia romántica, pero no soy partidaria de ello, porque sobre todo es profundamente triste. No es un spoiler, es que si no quieres sentirte mal, no la veas, o si acabas de sufrir una ruptura tampoco, porque la odiarás profundamente y te dejará hecho mierda.

Solo con ver a Summer (Zoey Deschanel) tatarear There is a Light de los Smiths ya deseaba conocerla y después a él, Tom (Joseph Gordon-Levitt), con sus chalecos y con ese modo de mirarla, de amarla desde el primer instante. No obstante, por encima de ser divertida o triste, lo que sí que es, es real, tan real que duele, porque intuyes, sabes, aunque no anhelas, qué vendrá a continuación.
También odias a Summer. Muy fuerte. Y quieres abrazar a Tom y decirle que todo irá bien, que es una zorra con mayúsculas y que no lo merece, pero claro, el amor flota y se expande, y el amor no se puede frenar y daña.
Me enamoré de Tom, de su modo de intentar hacerla reír, de su trabajo (escribe tarjetas de felicitación), de su amistad con Rachel, una niña de doce años, de su voz en la escena del karaoke, de su tristeza.
Me enamoré de la banda sonora.



Me enamoré de Summer, a pesar del rencor que sentí hacia ella, de su seguridad, de su vestuario, del beso y el brillo de sus ojos en la escena de la fotocopiadora, de su síndrome de Tourette fingido gritando Pene.
Me enamoré de la voz en off, hablando de ambos:

EL: “…creció creyendo que nunca seria verdaderamente feliz, hasta el día que conociera a la indicada. Esta creencia se origina por la temprana exposición a la triste música pop británica, y a una interpretación errada de la película -El Graduado-”
“ELLA: “…desde la ruptura del matrimonio de sus padres sólo amaba dos cosas. La primera era su largo cabello negro, la segunda, lo fácil que era cortarlo sin sentir nada.”


 Me enamoré de cada imagen, escena y sentimiento que me produjo. Porque no es una historia de amor, pero sí sobre el amor, y lo sientes, de verdad que lo sientes.

“Que a una chica le gusten las mismas porquerías raras que a ti, no significa que sea tu alma gemela.”

“Lo que ocurre siempre… la vida.”

“Las rosas son rojas, las violetas azules, que te jodan, puta.”



En resumen, que me enamoré, a pesar de que, insisto, esta no es una historia de amor, sino de desamor, pero… ¿es posible que exista el uno sin el otro?

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