jueves, 14 de enero de 2016

No por ti, sino contigo.

No sabría decir si era vicio o necesidad.
Si la sombra me protegía del sol o me impedía ver el cielo.
Era algo extraño lo que me hacías.
Decías que contigo estaba a salvo, pero eras un jodido desastre.
Sí, joder, nadie estuvo nunca a salvo contigo, aunque conseguías que me sintiera así y eso ya tiene su mérito.

Porque no es cuestión de que salte delante de un tren por ti, sino de que te aleje de las vías, me susurrabas con seriedad, y yo me reía.
Pero era verdad.
Y yo siempre me reía…

No lo sé, pudiste irte antes, pudiste huir y buscar otros brazos que te dieran el calor que yo no tenía, pero no lo hiciste. Esperaste, agazapado, impidiendo que yo pensara en saltar de nuevo, atándome en corto y obligándome a mantener los pies en su sitio, lejos del andén, cerca de ti.
A veces se pierde la perspectiva y otras veces ella es la que te encuentra.
Solo hay que saber esperar.
Como tú.

Y ahora cierro los ojos y te aprieto la mano.
Te digo que eres el desastre más bonito que se ha cruzado en mi vida.
Y te ríes.
Y me río.
Y me dices que si hace falta saltarías delante de un tren; no por mí, sino conmigo.





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