jueves, 5 de enero de 2017

¡Felicidades, Daniela!

Primera entrada del año. Una muy especial. Y es que hoy hace un año que Daniela salió a la luz y pasó a ser un poco vuestra...
 Recuerdo cuando terminé de escribir Fuimos un invierno y comencé a dejar pistas en las redes sociales.
Recuerdo vuestro cariño, vuestras ganas, vuestra curiosidad.
Recuerdo el miedo; los nervios en la base del estómago que no se iban; las sensaciones que me pellizcaban por dentro y que no me abandonaron hasta que puse el punto y final definitivo a Fuiste mi verano.
Un año en el que he aprendido, he disfrutado y he crecido de la mano de Dana y su mundo.
Si ahora cierro los ojos, puedo imaginarme cientos de historias. Sé que quiero escribir sobre determinados temas, que quiero crear personajes con características concretas y en contextos muy específicos. Sé que esto no ha hecho más que empezar.
Sin embargo, también sé que, en ocasiones, algunas etapas marcan las demás, que algunas partes de tu vida se ensalzan sobre otras. Eso es esta bilogía ahora mismo para mí.
Soy consciente de que, a día de hoy, quizá ya no sea lo mejor que he escrito, que quizá el momento en el que la escribí fue lo que determinó todo, que necesitaba involucrarme en un proyecto con tanto ahínco para creerme de una vez por todas CAPAZ.

El caso es que sigue siendo muy especial para mí y por eso he querido haceros un regalo...

Porque Daniela lo merece; ella y todos los demás. Y, sobre todo, vosotras lo merecéis.

(AVISO: solo para quien ya haya leído la bilogía al completo)

Si habéis llegado hasta aquí, es que ya conocéis la historia de Dana y Luca.

Espero que disfrutéis con este regalito, que recordéis las sensaciones que vivisteis al leerla y que sonriáis al terminarlo.
                                                                                ...


Me despierto. Siento la brisa cálida de agosto en mis mejillas y la claridad del día en los ojos. Tengo el pelo aplastado en la cara y un mechón me hace cosquillas en la nariz. Soplo hacia arriba para despegarlo y me doy cuenta de que no es mío, porque es castaño. Y liso. Y demasiado largo para ser mi flequillo.
Sonrío.
Su respiración rítmica y caliente me acaricia el rostro. Me encanta verlo así; tan tranquilo, tan niño, tan en paz. Es como si solo al dormir dejara libre al verdadero Luca de un modo que nadie comprende y el resto del tiempo luchara constantemente por contenerse. Excepto conmigo. Conmigo no; ya no.
Le paso los dedos por las cejas y sonríe. Está despierto, pero le gusta demasiado que lo mime como para seguir fingiendo que duerme.
—Tienes cejas de chica.
No dice nada, pero una de sus manos aprieta mi muslo desnudo por debajo de la sábana.
—Y pelo de chica.
Le tiro de un mechón con fuerza y me muerdo el labio para no reírme. Como respuesta, su índice se introduce por el borde de mis braguitas.
—Cutis de chica.
Recorro sus mejillas con delicadeza, su frente, el contorno de sus labios.
Aguanto la respiración ante su silencio, sintiendo cómo su dedo entra en mí despacio, con esa calma que me desestabiliza, hasta que suelta el aire en una carcajada y me ataca sin piedad, colocándose sobre mí y mordiéndome el cuello, provocándome un grito y un jadeo de excitación.
—¿Qué decías? —gruñe en mi oreja.
Me echo a reír. Él me obliga a abrir las piernas empujando con las suyas y siento el peso de su cuerpo sobre el mío, conectando, encajando. Me hace cosquillas con la nariz y me da pequeños mordiscos que me ponen la piel de gallina, mientras se entretiene con sus dedos en mi sexo, volviéndome loca.
—Nada… ¡Nada!
—¿Nada? ¿No quieres saber lo que es capaz de hacer esta chica con lo que tiene entre las piernas?
Empuja y su excitación se me clava.
Nunca me cansaré de esto. De él. De nosotros.
Luca se deshace de su ropa y de la mía en un segundo, después me penetra, gimiendo, susurrándome cosas bonitas mezcladas con guarradas que me llevan al orgasmo antes de que sea consciente de ello.
Al terminar, sudados, despeinados, aún con los ojos adormilados, aunque brillantes por el deseo, me tumbo sobre su pecho y nos abrazamos. Sus dedos juguetean por mi columna y yo repaso los trazos de tinta de su piel con los míos. Como tantas veces.
Recuerdo la primera vez que lo vi desnudo. La primera vez que estudié los dibujos que lo marcaban y lo hacían único. Esos tatuajes sin aparente significado que se hacía por placer, porque él era así. Me centro en ellos y después en algunos nuevos que ha ido coleccionando a lo largo de los años. Momentos. Instantes que sé que engloban mucho más. Que dicen demasiado y que hacen que los otros parezcan vacíos. Como si el cuerpo de Luca explicara con su tinta el antes y el después que supuso el que yo apareciese en su vida.
Una pluma en el antebrazo izquierdo. Las cuatro letras de un nombre que ambos compartimos; él en el pecho, a la altura del corazón; yo en la muñeca, sobre las venas. Y mi favorito, en la parte baja de la cadera.
—La vas a desgastar.
Rozo de nuevo la silueta de la bailarina y sonrío. Aún no puedo creer que lo hiciera.
—Me gusta.
—Claro que te gusta. Eres tú.
—Me gusta en ti.
Me gira la cara y me mira a los ojos, con los suyos azules llenos de cosas aún por descubrir, de caricias por compartir, de emociones que desconocemos.
—¿Qué piensas? —me pregunta, pasándose la lengua por los labios, humedeciéndolos.
Se lo digo.
—Pienso que eres como un libro y que a partir de tus tatuajes se podría contar una historia. Tu historia.
Niega con la cabeza y mete los dedos entre mi pelo. Lo huele y me pone una de mis manos en la entrepierna para que vea el efecto que mi olor produce en él. Es un cerdo.
—No es cierto.
—¿En qué me equivoco?
—En que no es mi historia. Es la nuestra. Antes de ti, no hay más que tinta sin sentido. ¿No te das cuenta?
Lo hago, porque lo veo en sus ojos; me veo a mí, a nosotros. Veo que nos costó, pero que lo conseguimos y que cada paso, cada tropiezo, cada lágrima, mereció la pena.
Bajo la cabeza y lo beso. Un beso tímido, sentido, tan íntimo que siento frío en la espalda desnuda y él me arropa con su cuerpo.
De repente, cuando sus manos sujetan mis pechos y nuestros alientos vuelven a sonar frenéticos, la puerta se abre como si un vendaval la arrastrara y los brazos de Luca me empujan al otro lado del colchón. Tengo que agarrarme con fuerza al borde para no acabar con el culo en el suelo.
—¡Eh, campeón! ¿Ya estás despierto? —Disimula apoyándose en el cabecero y tapando su erección como puede. Lo hace francamente mal y ambos sabemos que, en cuanto Izan crezca un poco más, vamos a tener serios problemas de intimidad.
—¿Por qué estáis desnudos?
—Tu madre, que no soporta el calor.
—¿Yo? —Odio que siempre intente pasarme el muerto a mí—. Es él, ya sabes que es un hippie.
El pequeño Izan nos observa con sus ojos marrones, esos que no ha heredado de ninguno de los dos, suspicaces. Después se encoge de hombros y se sube a la cama, deslizándose hasta quedar pegado al pecho de su padre, que ha recuperado su ropa interior con sospechosa eficacia, como si se hubiese pasado media vida siendo pillado infraganti en situaciones de este estilo. Yo intento recuperar mis bragas y mi camiseta sin parecer estar bailando break dance bajo las sábanas.
—Papá, ¿me cuentas uno de tus cuentos?
Luca sonríe y lo besa en el pelo antes de comenzar a hablar, con esa voz dulce y serena que reserva para su hijo. Una de sus tantas versiones que ya vislumbré hace mucho tiempo cuando lo veía con Emma, pero intensificada por mil.
—Érase una vez una chica pelirroja que podía volar, pero que tenía pánico a las alturas —me giro, frunciendo el ceño, y me guiña un ojo con chulería.
—¿Tenía alas?
—Sí, pero no lo sabía. Solo se podían ver cuando bailaba.
—¿Como mamá?
—Muy observador. Menuda coincidencia, ¿verdad?
Izan asiente y lo observa embobado, como si ya estuviese fuera de esta cama y viajando a todos esos mundos a los que Luca consigue llevarlo una y otra vez sin descanso con historias inventadas.
Yo desisto ante mi intento de levantarme y hacer el desayuno, y me tumbo al otro lado, porque me encanta ser testigo de estos momentos.
—¿Y consiguió volar?
—Claro, pero para eso tuvo que conocer a un ogro gruñón.
Me muerdo el labio y mi mirada se encuentra con la suya, con la de aquel ogro que se cruzó en mi camino y que se convirtió en la casualidad más bonita de mi vida.
—¿Un ogro? —pregunta Izan, con ojos curiosos. Le encantan todos los bichos feos, así que ya lo ha ganado con esa parte.
—Sí. Un ogro que escribía novelas, pero que nunca sonreía.
—¿Y qué hizo el ogro?
—Le regaló un paraguas de lunares.
Suelto una carcajada y Luca me acompaña. Izan resopla y fulmina a su padre con la mirada. Es tan expresivo que asusta.
—¿Un paraguas? ¡Venga ya, papá!
—Eh, campeón, que se trataba de un paraguas mágico.
Con esas palabras vuelve a captar su atención y continúa con la historia.
Nos reímos cuando Luca nos explica que el ogro se convertía en flan de coco cuando la bailarina lo miraba, le sonreía y lo besaba. Izan nos obliga a parar el cuento tres veces argumentando que es imposible que una chica consiga hacer eso con un beso. Su padre le dice que tiempo al tiempo, que algún día lo descubrirá por sí mismo y recordaran aquella conversación.
Yo me abstraigo; los observo; los escucho. Adoro cómo Luca le habla como si ya fuera un adulto, a pesar de que solo tenga cinco años. Adoro cómo Izan mira a su padre como si este hubiera escrito todas las historias interesantes del mundo. Adoro que tengan sus propios chistes y que me dejen fuera de ellos. Adoro que me busquen cuando la vida los supera y se agarren a mí. Adoro ser la bailarina del cuento liberada de sí misma, que consiguió volar y convertirse en quien de verdad quería gracias al ogro, a cambio de provocarle a él sonrisas cada día.
—Entonces… ¿consiguió volar, papá? —pregunta, con ojillos esperanzados.
—Por supuesto. Tan alto que rozó las estrellas.
—¿Y si un día se cae?
Luca traga saliva y me mira. Sus ojos azules de topillo sonríen, pero lo hacen con miedo. A veces aún duda, duda que yo vaya a estar a su lado cada mañana al despertarse. Lo hace por miedo, porque durante mucho tiempo le gustó ser un ogro y estar solo, pero ya no.
Le sonrío; estiro el brazo y mi mano se entrelaza con la suya por debajo de la sábana.
—Si se cae, el ogro estará siempre a su lado para ayudarla a levantarse —le digo yo con firmeza.
Luca asiente e Izan medita mis palabras. Creo que no entiende muy bien la historia, pero mientras tenga ogros, magia y final feliz, de momento le vale.
—¿Y tuvieron hijos? —Alza una ceja en dirección a su padre, que se pone serio y lo mira fijamente, como si fuese a darle la información más importante de todas.
—Sí. Tuvieron uno torpe, aburrido y tan feo como tú.
Izan estalla en carcajadas y se sube encima de su padre, haciéndole cosquillas que Luca finge que lo hacen reír.
Yo disfruto de la imagen, asumiendo una vez más que sí, que lo conseguí.
Que da igual que salga el sol, llueva o nieve, porque con ellos, en esta burbuja que nos hemos hecho a medida, nada importa más que el provocarnos nuevas sonrisas.

GRACIAS

Neïra.




18 comentarios:

  1. Ya me has hecho llorar otra vez con algo tan corto y sencillo... Sabes que soy súper fan de los epílogos y este regalo es muy importante. Es magia...
    Gracias

    ResponderEliminar
  2. Dios mio andrea me has hecho llorar quiero MÀS de ellos💜

    ResponderEliminar
  3. Nos has hecho un regalo precioso, Andrea. Leyendo este cachito has vuelto a ponerme los sentimientos a flor de piel. Solo puedo pensar que elegí el nombre perfecto para mi hijo (perruno), porque posiblemente con el tiempo esta no sea tu mejor historia, pero siempre será especial, magica y única. Para mí lo es y lo será.

    Un abrazo apretujadito de mi parte, y un lametazo de parte de tu ahijado ;)
    ¡Mua!

    ResponderEliminar
  4. Ay. Qué bonito, Andrea. Me has puesto la congoja en la garganta, cerda :)
    Feliz aniversario de Daniela y Luca. Siempre serán especiales, sí.
    ¡Muak!

    ResponderEliminar
  5. Muchísimas gracias por ésto. Es precioso ❤. Me has dejado en una nube...

    Gracias, gracias, gracias

    ResponderEliminar
  6. Gracias por este regalazo!!! Con algo tan corto has consiguido poner mis sentimientos del revés. Siempre adoraré a Dana y Luca porque son inolvidables, su historia lo és. Gracias de corazón por algo tannnnnnn bonito. Que sigan cumpliendo mas aniversarios y que tu nos sigas haciendo regalos tan maravilloso como éste. Un besazo!!

    ResponderEliminar
  7. ah por Dios! cada día lo haces mejor muchas gracias por el regalo es muy hermoso.Feliz año y no dejes de escribir

    ResponderEliminar
  8. Pero que bello regalo de reyes, sin duda uno de mis libros favoritos del 2016... 🙈🙈🙈
    No creo que haya más. Aun tratando de digerir esta historia de Dana y Luca.. Para poder tomar un nuevo libro... Que bello nombre Izan 😘😘😍😍😍
    Queremos mas bellas hiatorias

    ResponderEliminar
  9. Magnífico.
    Dana tan Dana como siempre y Luca...que decir de mi Luca... sigue siendo uno de mis personajes favoritos.
    Poder tener una pizca más de su historia entre los dedos me parece un maravilloso regalo.
    Me encantan tus historias!

    ResponderEliminar
  10. Felicidades Dana y Luca!!
    Es un regalo inesperado, y esos son los que más gustan!! Me ha encantado y vuelta a llorar con sólo dos frases:
    -¿Tenía alas?
    -Si, pero no lo sabía...
    Cómo es posible trasmitir tanto???
    Felicidades y mil besos ����

    ResponderEliminar
  11. Ohhhhhh GRACIAS INFINITAS por esto!!! No estoy llorando, se me entró una basurita e el ojo... jajaja. No, en serio, Dana y Luca SIEMPRE ocuparán un lugar importante, ansiaba mucho leer una partecita más de sus vidas, de cómo las cosas siguieron su curso.
    Seguí así, haciendo y amando lo que más te gusta, felicidades por esta historia.

    Besos enormes!! <3

    ResponderEliminar
  12. Oh por dios Neïra, esto ha sido el mejor regalo de reyes que nos has podido dar. Leer este pedacito de Daniela y Luca fue transportarme a su historia, fue recordar cuan profundo me llegó al corazón, fue recordar cada nudo que me ataron en el pecho. Gracias por escribirlo, por contarnos un poquito de su vida después de ese hermoso epílogo.

    ResponderEliminar
  13. ¡Qué bonito, Andrea!
    Es muy fácil imaginarse esta vida de Daniela y Luca. Hiciste muy fácil que nos conquistaran. Con sus luces y sus sombras.
    Gracias por este regalo.
    Un besín.

    ResponderEliminar
  14. Muchas gracias por este pequeño fragmento de Luca y Dana, un maravilloso regalo de reyes. Un beso Neira con dieresis y contiua así.

    ResponderEliminar
  15. Gracias Andrea, sencillamente, gracias....

    ResponderEliminar
  16. La gente especial hace que lo difícil parezca fácil. Tus libros parecen fluir ellos solos de lo fácil que atrapan.
    Te deseo toda la suerte del mundo.
    Muchas gracias

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Hola, Mati!
      Muchísimas gracias por estas palabras tan bonitas :)
      Un abrazo!!

      Eliminar
  17. La gente especial hace que lo difícil parezca fácil. Tus libros parecen fluir ellos solos de lo fácil que atrapan.
    Te deseo toda la suerte del mundo.
    Muchas gracias

    ResponderEliminar