Carlota y el cactus de color rojo... detrás del telón

Una vez más, ¡aquí estoy! Reorganizando esta entrada para todas aquellas que ya hayáis conocido a Carlota y a Rodrigo y os apetezca descubrir un poquito más de su mundo.

Lo primero, y como siempre, GRACIAS. Con purpurina y fuegos artificiales. Sois las mejores.

¡Al lío!

En realidad, pese a que haya llegado mucho después, Carlota nació justo cuando yo me despedía de Oliva. Hace más o menos 3 años que su historia comenzó a formarse en mi cabeza, pero no era su momento, así que abandoné la idea. A veces, ocurre. Y sucedió. Ni siquiera lo medité demasiado. Solo era un esbozo de algo que no sabía que un día llegaría  a vuestras manos. Apareció Daniela y, bueno, ya sabéis cómo fue aquello...
No obstante, un tarde en la que no sabía muy bien qué era lo siguiente, abrí su archivo y supe que el día había llegado. ¿Y por qué? Porque estaba cansada. Hay historias que se llevan más de ti, más intensas, más reflexivas, más emotivas. Llevaba tres años sin parar, esforzándome y exigiéndome demasiado. Y llegó Carlota y me dijo que frenara. Que era verano y que juntas podíamos hacer que fuese más llevadero, porque su historia era bonita pero calmada; divertida; tierna; dulce. Un soplo de aire fresco, sin más.

Rodrigo tuvo un muso inicial, pero cuando retomé el proyecto lo estaba usando para otro, así que le di un lavabo a la historia y encontró su propio muso (seguro que me entendéis cuando digo que Ian Somerhalder vale para cualquier historia que se nos pase por la cabeza, pero como era mi Oliver... pues busqué otro... ¡será por musos!). En mi cabeza no es exactamente como él, pero creo que puede servirnos Andrés (DVicio).
Ella fue Emma Watson desde el principio. Creo que es perfecta.



Lo que más me costó escribir fue el epílogo. No me preguntéis por qué. La novela me salió prácticamente sola, pero tuve un bloqueo importante al llegar al final. De hecho, escribí uno y lo modifiqué. No significa que cambiara información importante, sino más bien el modo de enfocarlo. Solo sabía que tenía que narrarlo él, eso sí lo tuve claro desde el principio.

Siempre me ha parecido una historia bastante tonta, no sé por qué, pero me divertí escribiéndola.
A veces se nos olvida la importancia de entretener sin más. De encontrarnos con libros sencillos que sirvan como escape, sin buscar mucho más a una historia que el hacernos pasar un buen rato.
Carlota es una de esas historias (o eso espero, al menos esa fue siempre mi intención).

Escribí, más o menos, la primera mitad hace ya tres años y la segunda en un mes el verano pasado, para que os hagáis una idea de cómo cambian las cosas... de cómo la inspiración viene y se va... Obviamente, repasé la primera parte para que no se perciban cambios, porque de forma inevitable yo noto que mi forma de escribir lo ha hecho.

Toto, el cuento que Carlota le lee a Ava, lo tengo desde que era pequeña. Me lo regaló mi padre. Es precioso, con unas ilustraciones increíbles.


Las bermudas de carpas japonesas que viste Rodrigo existen; las tiene H en su armario y, antes de que digáis nada, a ambos nos encantan. De hecho, se las regalé yo.

Mi momento preferido de la novela es la que corresponde a los mensajes que Rodrigo le manda a Carlota contándole instantes importantes de su vida...



Carlota es mi protagonista más madura y responsable, aunque también la más joven. Y Rodrigo... pues a Rodrigo se le quiere, sin más, creo que es imposible no hacerlo.

Con lo que más disfruté fue con sus ataques verbales, con esas conversaciones en las que ella perdía un poco los papeles y él siempre me sacaba una sonrisa.

La portada creo que es perfecta. En cuanto la vi, me enamoré. No pedí ni un solo cambio (y creedme cuando os digo que soy un poco pesada con estos temas).


No sé si os habéis dado cuenta de que algunos de mis personajes son vegetarianos o veganos. Ya lo hice con Daniela (ovolactovegeteriana), con Julia (a la que conoceréis en unos meses y que es vegana) y aquí con Basil y Carlota (vegetarianos estrictos). Es una parte muy importante de mi vida y creo que es bueno intentar normalizarlo en las historias, no puedo evitarlo.

Hay un cameo de una historia anterior... y es que Ava se apunta a clases de ballet, ¿os acordáis de esa profesora pelirroja? Sí, Daniela (de Fuimos un invierno) es su profe.


No sé si existen o no los cactus rojos. Mientras escribía, me informé sobre ello y leí de todo por la red, tanto que sí existían algunas clases de ese color como la teoría de que eran cactus normales teñidos. Si alguien me puede sacar de dudas, lo agradecería. Lo único que sé es que la metáfora se me ocurrió un día mirando mis plantas y me pareció preciosa.

¡Hasta aquí llega la entrada de curiosidades de este novela! Espero que os haya gustado. Y supongo que podría compartir una última curiosidad con vosotras. Y es que... nunca creí que la querríais tanto. Sí, lo sé, puedo ser muy cansina cuando quiero, pero no puedo evitar ser sincera y confesar que no las tenía todas conmigo...
No obstante, como siempre, me habéis sorprendido.

❤️❤️❤️❤️






2 comentarios:

  1. Me hs encantado!!! Es posible que resulte una novela ligera como dices, sin demasiadas reflexiones o complicaciones, pero....me ha gustado mucho.Sigo tus novelas desde hace tiempo, no podria colocarla en un orden exacto pero si decirte que no hay que subestimar a Carlota...llegara alto!!! Felicidades, es clara la evolución que tienes, aunque tus libros siempre son un gusto de leer, obviamente una tiene sus preferido (Daniela, ejem) pero ninguno defrauda.Gracias por darnos historias complejas o ligeras, gracias, simplemente, por escribir.
    Espero con impaciencia jajaja! Enhorabuena!!!

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    1. Hola, Patricia!!
      Muchas gracias por tu mensaje, por esas palabras tan bonitas y por darme ánimos!
      Besos.

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