El arte de decir adiós

 A nadie le gustan las despedidas. Creo que es algo demasiado humano. Aunque sea de una forma indirecta, siempre suponen una pérdida. Por eso nos cuesta tanto soltar, sea lo que sea, un trabajo, un proyecto, una idea, una persona, un lugar... Nos aferramos a todo aquello que un día defendimos con uñas y dientes, incluso cuando ya no tenemos fuerzas ni ganas para mantenerlo a nuestro lado.

Decir adiós siempre es complicado.

No me he vuelto loca. No voy a despedirme de vosotras hasta nuevo aviso, lo que sucede es que ha llegado el momento no solo de cerrar la última novela que he terminado, sino también de organizar el 2021 y escoger proyectos, lo que siempre indica que debo rechazar otros. Y, voy a ser sincera, la toma de decisiones me da dolor de cabeza. Soy de las que valoran hasta la saciedad cada pro y cada contra y, cuando por fin elijo y debo tirar para adelante, veo la sombra del arrepentimiento acechándome de vez en cuando.

Nos han educado para creer que abandonar siempre supone un fracaso. Y permitidme que os diga que no es así. A veces abandonar es la elección más sensata y no significa que hayamos perdido el tiempo, el esfuerzo invertido hasta el momento o dinero, si esa parte está implicada en el proceso. En ocasiones la meta para llegar a otra más importante pasa precisamente por eso, por cerrar ventanas y descubrir otras nuevas.

Os preguntaréis a qué viene esta reflexión. Pues bien, mi carpeta de proyectos es un caos descomunal. Tengo novelas casi finalizadas que un día cerré por miedo, por dudas, por pocas ganas, por bloqueos que llegan cuando no los esperas. Tengo otras que me muero por escribir pero para las que aún no estoy preparada. Y algunas para las que no es su momento, porque este trabajo puede ser el más bonito del mundo, pero también está muy idealizado y la parte comercial, si no te quieres morir de hambre y continuar pagando las facturas, también es importante. Puede que demasiado.

Así que hoy me he sentado y me he enfrentado a todas esas ideas. Con algunas me he reconciliado. A otras ni siquiera las recordaba y el efecto ha sido como cruzarme con unos viejos amigos. Y a unas pocas he tenido que decirles adiós. Quizá no un «hasta nunca», sino, más bien, un «hasta pronto».

Hoy me siento con el calendario delante, una agenda llena de garabatos y las decisiones temblándome entre los dedos. Hoy le doy la bienvenida al #ProyectoSecretos. Porque sí, despedirse es todo un arte al que una nunca llega a acostumbrarse, pero ¿y lo bonito que es reencontrarse con aquellos a los que un día dejaste en el que creías que sería un stand-by eterno?



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