lunes, 29 de junio de 2015

La lista de Mario

¡Buenos días familia!

Hacia mucho que no pasaba por aquí, pero es que, entre corregir y ultimar los detalles de La lista de Mario y disfrutar de todos los planes que siempre trae consigo el verano, no tengo tiempo para mucho más. Así que he decidido premiaros por vuestra paciencia y por todos los mensajitos tan lindos que me enviáis, por los me gusta en las redes, las reseñas y recomendaciones, vaya que por todo, porque no podéis ser más bonit@s...
¿Queréis saber cómo comienza La lista de Mario? Pues ahí tenéis un par de páginas.

OJO, quién no haya leído La lista de Oliva que se abstenga, contiene spoilers ;-)

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—Levántate.

Abro los ojos medio adormilada y me encuentro con Maite, que me observa con el ceño fruncido y cara de pocos amigos. Me señala el reloj con la mirada y, cuando veo la hora que es, me incorporo sorprendida. Llevo catorce horas en la cama, aunque, siendo sincera, no habré dormido más de cinco o seis, pero a mi nuevo estado de dejadez le parecía una idea excelente quedarse entre las sábanas todo el tiempo que me permitieran mis amigas o, en último caso, mi vejiga.
Agarro la colcha y meto la cabeza debajo para que me deje en paz, porque, después de la impresión inicial, he decidido que mi cuerpo aún necesita unas horas más, pero antes de poder cerrar los ojos y regodearme en mis miserias de nuevo, el huracán Maite tira de toda la ropa de cama hasta tirarla al suelo.

—¿Qué estás haciendo?—lloriqueo con el propósito de ablandarla, pero mis intentos no funcionan ni siquiera un poquito.
—¿Tú qué crees? Levántate, Oli. Ya me estoy cansando.
—¿De qué?
—De ti.

Cruza los brazos sobre su pecho y chasquea la lengua con fuerza. Tiene toda la pinta de que está harta de mí de verdad de la buena y de que está a punto de darle un siroco y lanzarme contra la pared para que espabile. Me imagino mi sangre goteando hasta manchar la alfombra, como un mosquito contra la luna de un coche a toda velocidad. También me siento un poco como uno, pequeña e insignificante. Y molesta para los demás, sí, eso también.

—¿No te doy lástima? ¿Aunque sea un poco?
—Lo que das es asco.

Vaya. Esto son amigas y lo demás tonterías. Ella se acerca a la ventana y la abre de par en par dejando que el aire fresco cambie la temperatura de la habitación rápidamente y que me castañeen los dientes.

—¿Quieres que enferme? Es eso, ¿verdad? Ahora que tú eres feliz con tu muchachito quieres deshacerte de mí, porque la Oli deprimida es un auténtico coñazo. Eres un monstruo.

Maite se me queda mirando fijamente y empiezo a arrepentirme de la estupidez que he dicho, porque sí, lo asumo, es una soberana estupidez.

—Eres imbécil y además un auténtico coñazo, como tú misma has dicho, pero te lo perdono porque te quiero y porque sé que lo estás pasando mal. Ahora vas a levantarte y a meter ese culo gordo en la ducha, porque lo siento, pero apestas a guardado, como dice mi madre.
—Vale—la obedezco bajando la mirada a mis pies, avergonzada.
—Después vamos a comer y te voy a explicar los planes que tenemos para hoy, porque si dejaras de pensar un minuto en lo desgraciada que eres, a lo mejor te acordabas de que hoy es la última noche que Sonia pasa aquí con nosotras antes de largarse a jugar a las familias con Raúl.

Mierda. Lo había olvidado.
Desde que abrí los ojos de una vez por todas y acepté que había cometido la mayor de todas las estupideces de mi vida al perder a Mario, entré en una fase de lloros y lamentos del tipo ¿¿¿por qué a mí??? que no tenía ningún sentido, porque yo me lo había buscado, pero que me ayudaba a sentirme un poco menos mierda y un poco más persona. Ya sabéis que eso de echar las culpas a otro, sea al destino, al karma o a lo que sea que mueve el mundo, suele funcionar de miedo como parte del proceso de justificar nuestras decisiones.

Desde aquel día en que Mario se despidió de mí y después de descubrir la lista que escribí a los ocho años, he estado centrada en mí, vagando por la casa como un fantasma, del trabajo a la cama y de la cama al sofá, alimentando este estado de tristeza y autocompasión (al que parece que empiezo a habituarme) viendo películas románticas del tipo El diario de Noah o Bajo la misma estrella y basando mi dieta en bollería industrial y vino barato en tetrabrick. Lo sé, yo tampoco entiendo cómo no le doy una pena terrible a Maite, porque no podía dar una imagen más lamentable.
El caso es que he estado mirándome tanto el ombligo, que apenas he pensado en mis amigas.
No me he parado a pensar en que quizá Sonia necesite mi ayuda, ya no para hacer la mudanza, sino para que esta nueva etapa sea lo más bonita posible y para eso necesita nuestro apoyo. No me he parado a pensar en que Maite, que aunque pueda parecer una bestia salvaje que solo se mueve por instintos primarios, en el fondo es una niña con un corazón inmenso a la que le aterroriza el abandono y que seguramente no lo esté pasando muy bien con todo este asunto. Y todo esto no hace más que confirmar lo que todo el mundo a estas alturas ya sabe, que soy una niñata egoísta que solo es capaz de pensar en sí misma. Y que me merezco un guantazo, eso también.
Me levanto de un salto y corro hasta rodear a Maite con los brazos. Ella acepta mi abrazo a regañadientes y yo le suplico perdón en todos los idiomas que sé y en algunos otros que me invento, hasta que se relaja y me lo devuelve mientras siento su sonrisa en mi hombro.

—Lo siento tanto…
—No pasa nada, pero demuéstramelo y vuelve a ser mi mejor amiga, ¿de acuerdo?
—Soy lo peor, soy la peste, moho, un mutante de alcantarilla.
—La verdad es que hueles como uno.

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¿Qué os ha parecido? Prometo que queda poco, ¡feliz semana! ;-)

5 comentarios:

  1. Madre mia!!!me va a dar algo si no sale pronto publicado!!! Las dos paginas ya me han enganchado!!!, y mira q ya lo estaba a la historia de mario y oliva. No nos hagas sufrir demasiado, vale??

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    1. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  2. ¡Hola Noelia! He tenido problemas con la cuenta, las tecnologías y yo no somos amigas, pero a la quinta va la vencida y puedo contestarte...;-)
    Prometo ser buena y publicar en cuanto esté listo, como lectora sé lo que se sufre, así que no voy a marear la perdiz. ¡Un abrazo!

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  3. Que qué me ha parecido???? ARGGGG que nos dejas con la miel en los labios, con muchas ganas de seguir leyendo. Por favor, por favor, por favor, no tardes en publicarlo, lo esperamos ansiosas.

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    1. Jajajaja, gracias Eva. Comienza la cuenta atrás ;-)

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