Ciao, 2019...

Por una vez, me da miedo despedirme de un año.

2019 ha sido tan bonito que no quiero que termine...

Acabé el 2018 con la sensación de que el que entraba iba a ser especial y no me equivoqué. Y no solo porque estaba embarazada después de un proceso largo y costoso, sino también a nivel profesional.

Detrás del telón... OEFNHDA

Todos los proyectos llevan detrás mucho más de lo que parece a simple vista. A veces, me da la sensación de que en mi cabeza me guardo demasiado y pienso que ojalá pudierais mirar por un agujerito y ver cómo es ese mundo para mí. Un poco locura, sí, pero de nuevo me ha sucedido con Ojalá esta fuera nuestra historia de amor. Me encantaría que vierais la casa que comparten Elena, Tristán y Lola. O al pequeño Dexter. O el mural de sueños.
Como no es posible, tenemos que conformarnos con la novela y con todos los recursos que usamos a menudo para que sepáis mucho más de ellos. Hoy ha llegado el turno de esta entrada.

Es solo para quienes hayan leído la novela, ya que está plagadita de spoilers.


¡Vamos allá!

Gracias por todo, chica de la nariz roja

Lola llegó de repente. Fue un flechazo y ocurrió cuando no debía. Cuando tenía mucho trabajo pendiente que hacer y, si quería cumplir con las fechas que me había propuesto, debía ponerme con otros proyectos y no con algo completamente nuevo.
Pese a ello, no se iba. Era un latido constante.
Puedo asegurar que es una de las cosas más bonitas que me han pasado. Una idea repentina que ni siquiera recuerdo cómo surgió. Solo nació y... me senté. Nuevo documento en blanco. En cinco días superaba las 30000 palabras. Y, cuando más metida estaba, sucedió lo que menos necesitaba, que tuve que centrarme en una corrección y parar.
La aparté con pena.

Cuando pude retomarla, me agobié. Es un asco vivir siempre así, en una montaña rusa. Un día lo que has escrito te parece la hostia y al siguiente te sigue pareciendo la hostia... pero de malo. Eso me ocurrió con esta historia.