Lecturas marzo y abril

Le di la bienvenida a marzo escribiendo una entrada que comenzaba así:

Soy una chica dentro de un televisor. Encerrada en una caja a la espera de que alguien me mire desde el otro lado, me escuche, expresa alguna emoción o me juzgue. Así me siento algunos días; en especial, cuando llega un nuevo lanzamiento.

Escribir siempre me hacía libre. Sin embargo, ahora a veces me ahoga. No creo que sea malo, solo distinto. Únicamente debo encontrar un resquicio abierto por el que colarme y volver a sentir el aire en el rostro cada vez que echo a volar sobre el teclado.

No estoy triste, solo expectante. Porque el camino nunca es igual y ahora me toca descubrir qué me voy a encontrar en los siguientes pasos.

¿Demasiado intenso? Puede. Pero con la llegada de Tú y yo en el corazón de Brooklyn me di cuenta de todo lo que he cambiado como escritora desde que esta aventura comenzó, hace ya seis años. No solo en lo referido a la forma de contar historias, sino también en los procesos.

Si algo nos ha enseñado la pandemia es que nos habituamos a todo con extrema facilidad. Y en el proceso de publicar un libro no iba a ser diferente. Para bien o para mal, he aprendido a gestionar la respuesta del público. Lo malo ya no me afecta tanto, pero, lamentablemente, lo bueno tampoco. No quiero que parezca que esta reflexión tiene un matiz triste, no se trata de eso, solo necesitaba explicar que, igual que he madurado como escritora, también lo he hecho como lectora.

Atrás quedan los días en los que la mayoría de las novelas de amor que leía me emocionaban. El cosquilleo en la tripa ante el primer beso, el nudo en la garganta cuando llegaba el conflicto, la sonrisa tonta al terminar o las lágrimas de emoción en determinados instantes de esos que no olvidas en días. Quizá soy más selectiva en cuanto a escoger títulos que me aporten algo más allá del bendito entretenimiento, pero también es cierto que echo de menos vivir esas historias como lo hacía hace años.

¿Os ha pasado? A veces pienso que he devorado tantas novelas que el atracón provocó el resultado opuesto: me enfrié y dejé de sentir como lo hacía ante una bonita historia de amor. Por eso suelo meditar más cada elección y busco el momento apropiado para cada libro.

Por eso también me como mucho más la cabeza cuando me siento delante de la pantalla en blanco y debo crear algo desde cero. ¿Emocionará lo que quiero contar? Y el miedo a que a muchas de vosotras os pase como a mí en los últimos años me hace dudar constantemente.

Después de este desahogo, os digo que han sido dos meses de lecturas, en general, excepcionales. Tal vez tenga que ver con lo que os he explicado antes. Ya no sufro si un libro no me atrapa, solo lo aparto y acepto que no es para mí. Ya no me ventilo las historias en días o incluso en horas, sino que las reposo, las dejo ocupar una parte de mi tiempo como para que las que me gustan dejen poso de verdad.

¡Y todo este rollo solo para recomendaros cuatro novelas! Os dejo por aquí los títulos que más me han gustado de entre las lecturas de marzo y abril.

La chica salvaje, Delia Owens.

Brillante, tanto en contenido como en forma. Una novela de la que no sabía qué esperar y que no pude soltar hasta terminar. Esta es la historia de Kya, la chica de las marismas, una protagonista única que vive sola desde los seis años. A través de esa visión tan especial que ella nos aporta, conoceremos cómo es su vida, su conexión con la naturaleza y su forma de relacionarse con las pocas personas que componen su extraño mundo. Romance, lazos familiares y una investigación policial por un asesinato. Una maravilla que recomiendo con los ojos cerrados.


Cómo maté a mi padre, Sara Jaramillo.

Una historia testimonial ágil, emotiva y sincera. En apariencia sencilla pero con gran profundidad. El relato de una niña y de cómo la muerte de su padre en manos de un sicario afectó a su familia y a ella misma. Uno de esos libros bonitos, sentidos, que se leen en un suspiro y que hacen reflexionar.


Pequeños fuegos por todas partes, Celeste Ng.

Segunda novela que leo de la autora y fascinada de nuevo. Celeste Ng tiene un estilo muy peculiar con el que no conecta todo el mundo, pero que conmigo funciona. Una historia que te atrapa desde el primer momento, un vecindario perfecto lleno de secretos, personajes potentes, crítica social y dilemas morales de esos que incluso te incomodan, porque te hacen reflexionar sobre las decisiones que tomarías tú si estuvieras en la piel de sus protagonistas. Y puede que la respuesta te sorprenda.

La soledad de los números primos, Paolo Giordano.

Un ejemplo más de lo importante que es el estilo de un autor por encima de lo que quiera contar. En esta novela Paolo Giordano nos presenta una trama cotidiana pero con personajes complejos que te llevan de la mano y una narración magistral que te envuelve y no te suelta hasta que terminas el libro. A veces no hace falta más para escribir una gran obra. Madura, emocional, poética a ratos. Triste pero inmensamente bonita. Como puede ser la soledad, al fin y al cabo.

¿Habéis leído alguna de ellas? ¿Coincidís conmigo? ¡Os leo! ❤️

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